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Nuevo ministro de Transportes, Louis de Grange: del debate a la acción pública


El ingeniero civil industrial Louis de Grange asumirá el ministerio de Transportes y Telecomunicaciones a partir del 11 de marzo, integrando el gabinete del presidente electo José Antonio Kast. Su nombramiento confirma una señal política clara: conducción técnica, respaldo académico y disposición a tomar decisiones impopulares si éstas responden a criterios de eficiencia, seguridad y rentabilidad social.


Perfil técnico y carácter


De Grange no llega al ministerio como un actor político tradicional, sino como un experto en planificación de sistemas de transporte, con una mirada estructural y de largo plazo. Ingeniero Civil Industrial, magíster en Economía de Transporte y doctor en Planificación de Sistemas de Transporte, ha construido su carrera entre la academia, la consultoría y la gestión pública. Actualmente es decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Diego Portales.

Su estilo es directo, analítico y poco dado a soluciones simbólicas. Ese carácter lo ha llevado a generar consensos, pero también debate, especialmente cuando cuestiona políticas públicas que —a su juicio— no atacan los problemas de fondo del sistema de transporte.


Metro, crisis y liderazgo


Entre 2018 y 2022 fue presidente del Directorio de Metro de Santiago, período marcado por el estallido social y la reconstrucción de la red. Lideró la recuperación operacional del sistema, defendiendo el rol social del transporte público y la autonomía técnica de una empresa estatal sometida a alta presión política y social. En ese contexto, incluso enfrentó un intento de ataque con artefacto explosivo en su domicilio, episodio que reforzó su discurso sobre la necesidad de proteger instituciones clave para la vida urbana.


Críticas a la administración saliente


Como analista y académico, De Grange ha sido crítico de la actual administración en materias de transporte. Ha cuestionado decisiones tarifarias, regulaciones que trasladan responsabilidades al usuario sin una estrategia integral del Estado —como el grabado obligatorio de patentes o ciertas exigencias de seguridad vial— y la priorización de proyectos sin una evaluación robusta de su rentabilidad social.

En transporte interurbano, ha sostenido una postura firme contra los buses de dos pisos por razones de seguridad, citando estudios que muestran mayores índices de peligrosidad respecto de buses convencionales. En materia ferroviaria, si bien valora la apuesta por los trenes, ha sido claro en señalar que no todos los proyectos son igualmente rentables y que la prioridad debiera estar en servicios suburbanos con alto impacto en conectividad y equidad territorial.


Relación con buses, camiones y el mundo gremial


Su relación con los gremios del transporte se ha construido desde el diálogo técnico y la colaboración, pero sin complacencia. Se ha reunido con asociaciones profesionales y actores gremiales para discutir políticas públicas, formación y desafíos futuros, promoviendo enfoques basados en evidencia y viabilidad económica.

Al mismo tiempo, ha mantenido posiciones críticas frente a prácticas ineficientes en el sector, tanto en transporte de pasajeros como de carga. Esa combinación —diálogo y firmeza técnica— lo posiciona como una figura que busca el bien común del sistema, aun cuando ello genere tensiones con intereses particulares.


Transporte de carga y escasez de conductores


Uno de los temas donde ha sido más enfático es la escasez de conductores profesionales de camiones, fenómeno que considera un problema estructural para la logística nacional. Identifica causas múltiples: envejecimiento de la fuerza laboral, falta de interés de las nuevas generaciones, condiciones laborales poco atractivas, inseguridad en rutas, altos costos de formación y barreras institucionales para la homologación de conductores extranjeros.

Las consecuencias, advierte, ya se sienten: retrasos en entregas, aumento de costos logísticos, menor eficiencia de la cadena de suministro y potenciales impactos inflacionarios. Sectores como la agricultura, minería, construcción, retail, forestal, pesca industrial y la industria química y farmacéutica aparecen entre los más expuestos. Si no se actúa, el problema podría transformarse en un freno estructural al crecimiento económico del país.


La agenda que se anticipa



Desde el MTT, De Grange deberá articular una agenda compleja: modernizar el transporte público, mejorar la seguridad vial, fortalecer la infraestructura en regiones, ordenar el sistema interurbano y enfrentar de manera decidida los cuellos de botella del transporte de carga. En telecomunicaciones, el desafío será expandir la conectividad digital con foco territorial y productivo.

“Necesitamos más infraestructura, acercar las oportunidades de la ciudad a las personas y transportar la riqueza que tiene Chile”, ha señalado. Esa frase sintetiza el sello que se proyecta: un ministro técnico, crítico, con carácter, que dialoga con buses y camiones, escucha a los gremios, pero que no duda en tensionar el debate cuando considera que el sistema —y el país— requieren decisiones de fondo.

 
 
 

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